TEMAS y SUBTEMAS

0.0 Introducción

2.1 Tipos de documentos: surgimiento de las publicaciones periódicas

2.2 Bibliotecas

2.3 Soportes



EVALUACIÓN FINAL

Historia del Libro y de las Bibliotecas II

UNIDAD II: Siglo XVII y XVIII: EUROPA Y NUEVA ESPAÑA
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Ramiro Lafuente López



La ilustración


Entre 1715 y 1789, se desarrollo un movimiento intelectual conocido como Ilustración, que inicia una nueva época del saber al tomar como guía del pensamiento y de las acciones humanas la experiencia y la razón, oponiéndose a la tradición religiosa, que basaba el saber en la autoridad y la fe. Los pensadores de esta época, consideraban que ponían las bases para el desarrollo hacia una mayor libertad, tolerancia y humanitarismo.


Este movimiento que los historiadores denominan como la Era de la Razón se extendió por toda Europa, fue un proceso social que condujo al desarrolló ideas que buscaron la explicación racional del mundo. Asimismo en esta época (Siglo XVII) se van a dar descubrimientos en el campo de las ciencias naturales y el campo de la técnica, que sentaron las fundamentos que dieron origen a los cambios técnicos y económicos que se produjeron en el siglo XIX.


Un aspecto que nos interesa destacar respecto de la Ilustración, es la fuerte influencia que tuvo en la creación de ideas respecto a la educación, al considerar que esta debería extenderse a todos los individuos, ya que se concebía que un sujeto educado de alguna manera sería benéfico para la comunidad en donde se desarrollase. En otro aspecto, fue en esta lapso donde se impulsa la idea de la formación de la idea de la Enciclopedia como una suma de conocimientos que sirviera de medio a las personas para conocer el saber que se fuera acumulando, y con ello da lugar a plantearse nuevas ideas acerca de la clasificación del conocimiento, que transforma las ideas de la clasificación. También es un periodo en el cual el libro, los impresos y la lectura van a considerarse como primordiales tanto para la educación como para la difusión del conocimiento y la biblioteca se comienza a considerar como un eje fundamental para el desarrollo de las actividades antes mencionadas.

Nueva España

El libro impreso y manuscrito, así como el folleto, fueron instrumentos para la circulación de ideas en el ámbito cultural novohispano; la constante utilización de ellos por parte de algunos civiles y religiosos, generó el empleo firme y sostenido de la imprenta desde el siglo XVI, así como la concurrencia de libreros que comerciaban con todo tipo de libros, como eran los de religión... literatura... ciencia, impresos en Nueva España y Europa, y cuyo destino eran fundamentalmente las bibliotecas particulares y conventuales1.


En la Nueva España, la impresión, distribución y lectura de libros se sujetó a una serie de disposiciones legales tendentes a limitar y regular su circulación como elemento de difusión ideológica, reduciéndose de esta manera sus posibilidades de ser empleado como vehículo de comunicación a determinados grupos y ejerciéndose un estricto control por miembros de la Iglesia y el gobierno, encargados de autorizar y vigilar la lectura de determinado tipo de libros según lo juzgasen conveniente o perjudicial para la persona que pretendía leerlos.


La imprenta se consideraba una Merced Real y su concesión estaba condicionada al cumplimiento de una serie de requisitos, entre los cuales figuraba el de solicitar, previamente a la impresión de la obra, el permiso correspondiente a las autoridades gubernamentales, algunas tan distantes como el Consejo de Indias, en Sevilla, España. Ante la complicación del trámite, muchos libros quedaron manuscritos y en algunos casos se prefería recurrir a la duplicación manual2.


La solicitud del permiso previo. aunada a la lejanía de los centros de decisión política y los costos de la imprenta, se conjugaron durante el virreinato impidiendo la publicación de muchos libros. Por esta razón permaneció hasta el siglo XVIII el uso del libro manuscrito que se depositaba en las bibliotecas o librerías conventuales, como se les denominaba en ese entonces..


Bien fuese por el alto costo de( libro o por el temor de acarrearse problemas, el libro manuscrito fue un recurso de las bibliotecas conventuales novohispanas frente a un comercio de libros objeto de control por parte de las autoridades virreinales, y cuyo propósito era el de evitar la circulación de los denominados libros prohibidos, los cuales no podían poseerse sin el permiso correspondiente; las autoridades tenían facultad para revisar embarques y domicilios y consignar al Tribunal del Santo Oficio a quienes carecieran de la autorización correspondiente para poseer los libros prohibidos3.


El régimen jurídico de fiscalización de los impresos como medios de comunicación, obedecía a criterios políticos para facilitar la maniobra de organismos represores, como el Tribunal del Santo Oficio, en una sociedad que guardaba un precario equilibrio social, ante la zozobra y el temor de las continuas rebeliones indígenas4.


Para el siglo XVIII ya se había prohibido la impresión de libros en lenguas indígenas, vocabularios de enseñanza del idioma nativo e inclusive de aquellos que tratasen de las cosas y sucesos de los indios5. Este hecho denota la preocupación de la Corona por evitar cualquier situación que facilitase la cohesión social del indígena, pues a éste siempre se le mantuvo separado, vigilado y sometido al poder arbitrario de la autoridad en ciudades y pueblos o al poder religioso de los frailes en las misiones.


Como la vigilancia sobre la comunicación escrita no era absoluta sino discrecional por parte de autoridades civiles y eclesiásticas, existía una manipulación de la misma, condicionada a conveniencias políticas. Con ello los permisos para el manejo de libros y bibliotecas favoreció la creación de élites ilustradas en torno a los centros de poder civil y religioso.


Quizá por esto el fiscal del Tribunal del Santo Oficio manifestaba a fines del siglo XVIII- "...el libertinaje empieza a extenderse en estos reinos en cuanto al modo de pensar... se habla y se lee impunemente cualquier obra contra la autoridad pontificio y real". Inclusive solicitaba que la prohibición de determinadas obras "...se extendiese aun a los que tienen licencia para leer libros prohibidos"6. Claro está que la prohibición de la prohibición únicamente generó casos corruptos como el de "un empleado del tribunal (del Santo Oficio) que había vendido a un vecino de México, en una suma considerable, muchos de los libros que se habían mandado recoger"7.


El mundo novohispano fue creado a base de estamentos políticos entre los que se repartía el poder: terratenientes, frailes evangelizadores, clero secular, mineros, que usufructuaban todo tipo de derechos sobre el resto de la población a cambio del reconocimiento a la autoridad del rey, así como del pago de sus pretensiones fiscales. Estaba sustentado en la inestabilidad social fomentada por el desprecio racial hacia el indio, la incertidumbre de las sublevaciones y el temor a la guerra que volvían impredecible el destino cotidiano del individuo.


En la sociedad creada en la Nueva España, lo único cierto era el poder real asentado en la misma inestabilidad social, producto de un hábil reparto de concesiones a diversos grupos sociales con intereses contrapuestos entre sí, con lo cual la Corona se convertía en el mediador político natural.


Como correspondencia a este orden de cosas, las vías de comunicación de conocimientos y acontecimientos sociales respondían a los valores en juego, con lo cual se fortaleció la presencia de élites ilustradas, especie de islas en medio de una población que guiaba su conducta por un completo empirismo cotidiano fundamentado en concepciones religiosas hábilmente estructuradas de acuerdo con las conveniencias del poder político y económico.


Es de suponerse que el libro y las bibliotecas instaladas en las zonas fronterizas del Imperio, respondían en términos generales a los lineamientos esquematizados en los párrafos que anteceden; sin embargo lo único que podemos señalar con certeza es la existencia de las mismas, porque aún contamos con libros que tienen marcas de fuego e inscripciones manuscritas que los señalan como pertenecientes a la "librería" de tal o cual convento.


A pesar de que las bibliotecas conventuales no estuvieron abiertas al público y ser de uso restringido, no se puede ignorar que muchos de los frailes de estos conventos dedicaron incontables horas de esfuerzos para lograr separar los problemas del conocimiento de los fenómenos naturales de los problemas de la religión, con lo cual invalidaban la actividad filosófica reducida a interpretar la palabra de Dios, pues aun cuando se acepta la predestinación divina de los fenómenos, también se desarrolla la necesidad del conocimiento directo de los hechos, de descubrir la "propia majestad de Dios, que brilla en este universo"," como lo señalara Benito Díaz de Gamarra en sus Tratados filosóficos8.


La actividad cultural realizada en los colegios y conventos forma parte de nuestro pasado, empezó a ser rescatada por la historiografía mexicana del siglo XX, puesto que la historiografía del siglo XIX únicamente hizo hincapié en los aspectos más negativos de la vida conventual, innegables desde todo punto de vista. Empero, todo en su conjunto nos pertenece, es nuestra historia y es necesario conocerla. La vida cultural de estos colegios conventuales hacen factible comprender cómo la ciencia podía desarrollarse aun dentro del marco ideológico establecido por la Iglesia Católica, y si el mundo novohispano no pudo evolucionar al mismo ritmo de la cultura occidental a la cual pertenecía, no se debió precisamente a fuerzas obscurantistas o a la oposición tenaz de instituciones como el Santo Oficio, como durante mucho tiempo se ha pretendido explicar, sino debido a factores socioeconómicos comprendidos dentro del marco del crecimiento y expansión de las potencias europeas durante los siglos XVIII y XIX, y a los temores y falta de visión de la oligarquía nacional.


Pocos estudios se han hecho sobre la formación y la cultura impresa manejada por estos frailes que fueron unos de los tantos artífices y constructores de la cultura Novohispana. Por ello, el estudio de sus grandes bibliotecas que permita reconstruir sus acervos bibliográficos, como el realizado por Mathes con la biblioteca del Colegio de Tlatelolco de México, sería un trabajo bibliográfico que ayudaría a comprender, de mejor manera, el estilo de vida donde nacieron y se forjaron importantes movimientos políticos y sociales que afectaron profundamente al México independiente.


Aun cuando la actividad cultural ilustrada de estos colegios no fue una labor pública generalizada, sin embargo contribuyeron a la educación y a forjar la organización social, como el Colegio de San Luis Gonzaga, fundado por los jesuitas, cuya actividad de reclutamiento y educación de diversas personas ejerció una considerable influencia en la creación de grupos sociales interesados por la actividad cultural.


El liberalismo ilustrado, al pretender fortalecer la libre circulación del pensamiento ampliando la base social de la comunicación por medio de la lectura-escritura y valiéndose de instrumentos como la escuela pública, la libertad de imprenta y las bibliotecas públicas, continuaba con ideas cuyos antecedentes los encontramos en el proceso político de la creación de la Constitución de Cádiz. La intención de dicha constitución fue modificar profundamente la organización social del imperio español a principios del siglo XIX, para adecuarlo a los cambios que sufría el mundo en esos momentos; si bien fracasó en sus intenciones, sin embargo permitió la creación de movimientos culturales en favor de la a1fabetización masiva, como el de la escuela lancasteriana, basada en la idea de la enseñanza de la lectura-escritura en cascada: la persona que aprende a leer y escribir enseña a otras y así sucesivamente. Este movimiento, junto con el de los gabinetes de lectura, significaba el inicio de un movimiento alfabetizador en el mundo novohispano que, independientemente de sus frutos inmediatos, modificó las concepciones prevalecientes acerca de la comunicación por medio de la escritura.


El liberalismo ilustrado trató de introducir medidas de carácter político e instituciones culturales favorables a las pretensiones de un nuevo orden social, acordes con la tan anhelada modernización y progreso del país. Se enfrentaba a una sociedad que aparte de los problemas que arrastraba, derivados de las condiciones sociales impuestas por la Corona española para conservar su dominio, se vio seriamente afectada por la prolongada guerra civil para lograr la independencia de España.


Frente a esta situación una de las principales preocupaciones se centraba en la creación de un Estado de derecho que fuera la base sobre la cual se pudiera restablecer la vida social.


Para los liberales de esa época era imprescindible difundir entre las masas de la población los instrumentos necesarios para aprender, porque era una de las partes fundamentales en las que podía apoyarse el cambio social que se pretendía lograr; en este sentido para el liberalismo de principios del siglo XIX, sobre todo durante los primeros años de la independencia, la libertad de imprenta, la enseñanza de la lectura-escritura, el manejo de los impresos como instrumentos de aprendizaje y las bibliotecas públicas que pusieran al alcance de cualquier persona los conocimientos e ideas vertidos en forma de letra impresa, formaban un solo proceso, necesario e indispensable para modificar el estado de cosas prevalecientes durante la época colonial, en donde el conocimiento se había reducido a un pequeño núcleo de la población.


Los liberales se preocuparon por crear un ambiente propicio al desarrollo de la comunicación por medio de la letra impresa, instrumento para la propagación de conocimientos científicos y literarios necesarios para educar al pueblo bajo el régimen de los principios democráticos de la ciencia y la cultura del progreso. Esta tarea estuvo desde luego sembrada de escollos, pues trataba de destruir viejos intereses y concepciones culturales.


La fe en la idea del progreso del hombre del siglo XIX era tan acendrada como la nuestra en el desarrollo. Empero existe una diferencia, en su caso existían elementos reales verificables, pues la revolución industrial estaba creando nuevas formas de existencia que abrían caminos insospechados para la época. Por ello el poder de la comunicación impresa pudo convertirse en un mito palpable: el "progreso" logrado por las máquinas impresoras permitían al ser humano traspasar los estrechos límites impuestos por la comunicación oral. Además, la velocidad lograda para la duplicación de la escritura acortaba tiempo y distancias en la interacción humana.


ACTIVIDAD DE APRENDIZAJE


Describe cuál fue el papel que tuvieron el libro y las bibliotecas en Nueva España.


1 Ernesto de la Torre Villar. El libro y la cultura en el progreso de México. Morelia, Michoacán: Universidad Michoacana. 1977.

2 Julio Jiménez Rueda. "La impresión de libros en la Nueva España". El Libro y el Pueblo No. 2, feb. 1934. p. 67-71.

3 José Toribio Medina. Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México. Ampliada por Julio Jiménez Rueda. México: Ediciones Fuente Cultural. 1952. p. 21-23

4 Luis González Obregón. Rebeliones indígenas y precursores de la independencia mexicana en los siglos XVI, XVII y XVIII. México: Ediciones Fuente Cultural. 1952

5 Julio Jiménez Rueda. "La impresión de libros en Nueva España". El Libro y el Pueblo No. 2, feb. 1934. p. 67-71.

6 José Toribio Medina. Op. cit. p. 330.

7 Loc. cit.

8 Benito Diaz de Gamarra. Tratados. México: UNAM, 1947. p. 195.





Última actualización: 06 de Noviembre de 2005

 

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